Fashion

Chanel a media luz: exposición en Barcelona

 

Chanel ha elegido un palacete barroco del núcleo antiguo de Barcelona como sede efímera de la cuidada exposición que Karl Lagerfeld ha creado para homenajear el mundo de Coco, y que ya se ha visto anteriormente en Milán y Londres. Se trata de un recorrido lúdico y glamuroso a través de los iconos de la maison que el jueves pudieron disfrutar unas decenas de privilegiados clientes, amigos y periodistas.

La cita sorteó la lluvia, presente durante todo el día, pero no pudo evitar problemas técnicos con el suministro eléctrico. Algunas salas se quedaron a oscuras, tan sólo iluminadas por la luz cálida de las velas y alguna linterna amiga, pero no importaba demasiado. Perdíamos detalles, pero los candelabros le aportaban un toque gótico al conjunto, a juego con la noche tormentosa. Y también daban un puntito de misterio a aquella fantasía estilo Alicia en el País de las Maravillas en versión Gabrielle Chanel donde no faltaban bolsos gigantes que te hacían sentir como si te hubieras comido la galleta para empequeñecerte.

Una cortina de perlas nacaradas que encierra dos manos rebosantes de productos de la casa nos recibe después de subir la húmeda escalera principal del palauet Dalmases (adornada por unas bellas columnatas salomónicas) y iniciamos la passeggiata.

Para abrir boca nos muestra en pantallas de vídeo cómo se elabora el icónico bolso 2.55, el que Gabrielle ideó en 1955, y de repente nos sumerge en un universo de muñecos maravilloso que remite a la infancia de Coco en un orfanato y a su deseo de tener juguetes. Vemos ratitas muy Lagerfeld con su camelia y las gafas negras y intuimos muchas otras formas impactantes a la luz de las velas…

Seguimos hacia la gran sala dedicada a la alta costura donde conviven vestidos históricos protegidos por cristal colgados de las paredes con otros diseños modernos de la casa (por ejemplo, los pantalones que acaban convertidos en bota) que cubren los cuerpos de varias maniquís sentadas en muebles aparentemente sacados del apartamento de la fundadora de la firma.

También lucen en vitrinas piezas de joyería como el reloj 512, del qual tan solo quedan cinco unidades en el mundo, o las perlas que aquí dejan de ser bisutería para formar parte de collares lujosos engarzados con diamantes.

Contemplamos las exclusivas cajas blancas con el logo de la casa que sirven para enviar los vestidos de alta costura a las clientas (“sólo están en la tienda de la rue Cambon, el resto son negras”, me cuenta Núria Sardà); diseños de Lagerfeld que se proyectan en una blanca pared y… ¡Oh sorpresa! A continuación nos espera una sala de juegos, un Las Vegas de cuento de hadas con tragaperras incluido, que parecía funcionar. Un invitado se entretiene probándolo mientras Sita Murt intenta sacar una bolsita de Chanel de una urna de vidrio y ¡lo consigue!.

Hay naipes por las paredes con diferentes números “El 13, el de la suerte; el 19, el dia en qué nació; el 5, su número fetiche…”, nos explica el guía antes de pasar a la zona táctil. En la oscuridad, palpamos grandes paneles con el tweed suave que Coco supo convertir en imprescindible prenda de día femenina. El duque de Windsor lo hizo con la indumentaria masculina y curiosamente, estos días en  Barcelona podemos apreciarlo en nueve trajes exclusivos del marido de Wallis Simpson que muestra Santa Eulalia. La exposición sigue con una reproducción de la inmensa biblioteca de Lagerfeld 7L,

Y no podía faltar un homenaje al perfume número 5. En un gran frasco se proyectan imágenes de sus musas: Monroe, Deneuve, Kidman…

Ninguna de ellas estuvo el jueves en Barcelona, pero sí que vimos a Martina Klein, a Verónica Blume (que se hicieron fotos exclusivas para Hola) y a Olivia Molina con su novio.

La muestra se ha visto en el Palazzo Morando de Milán y en Harrods de Londres con algunos pequeños cambios. En Barcelona la nota curiosa fue la oscuridad, que, aunque conjuntava con el look negro de la mayoría de invitados, dificultaba el trabajo de los pocos fotógrafos acreditados (había muchos más en la entrada). Pero también proporcionaba bellas imágenes como la foto fanasmagórica que me enseña un colega de una guapa guía iluminando la passeggiata con una mini linterna. Quienes la vean estos días a la luz del sol seguro que captaran una magia distinta, pero magia al fin. Chanel siempre es sinónimo de magia.

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