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Carla Bruni & Sarkozy: Cuando el marido te hace (buena) sombra

Si estos días os enseñan fotos de móvil con Nicolás Sarkozy, no penséis que estáis en frente de algún amigo suyo. Con toda probabilidad será uno de los muchos selfies que los asistentes al concierto de Carla Bruni el jueves 19 de junio en el Festival Jardines de Pedralbes se hicieron con el expresidente francés. Fue alucinante. La educada y bien vestida platea lo retenía y él se dejaba querer mientras las autoridades (el presidente Mas, el alcalde Trias, el embajador francés …) lo esperaban pacientemente para entrar a saludar a su mujer, que, de hecho, era la estrella de la noche. Bruni clausuró en Barcelona la gira mundial que comenzó en diciembre para presentar su disco, totalmente en francés, Little french songs. Se dejó acompañar por su marido seguramente muy consciente de que su carisma le haría sombra, pero también convencida de que hay sombras muy beneficiosas. Por el precio de uno, tienes dos, y encima en un santiamén te monta una cumbre política en las gradas y todo el mundo lo comenta. Marketing perfecto.Mas no dejó escapar la oportunidad de crear vínculos con Sarkozy. Se sentó a su lado provocando un gran revuelo y aplausos en la platea. Había aterrizado hacía muy poco proveniente de la proclamación real y de una entrevista con Christiane Amanpour, la periodista estelar de la CNN. Pasó de Letizia a Carla en pocas horas y a los asistentes nos hizo rememorar aquella famosa imagen de las dos damas subiendo las escaleras de La Zarzuela compitiendo en belleza y glamour. Eran tiempos en que la ex modelo hacía el papel de consorte. Ella aparcó la guitarra para apoyar a su marido y ahora es él quien le devuelve el favor aplaudiendo entusiasta en quinta fila y moviéndose al compás de sus dulces melodías. Entre una y otra charlaba muy cordialmente con Mas, y no mostraba ninguna vergüenza cuando Bruni hablaba de él y de su amor en el escenario. Incluso le ha escrito una canción: “Aparece como Mon Raymond porque así es como lo llamo en la intimidad”, cuenta.

Sarkozy sonreía cuando la letra lo describía como “el jefe”, alguien que “aunque vista con corbata es un pirata”. Pura “dinamita”, asegura Bruni, una mujer que ha confesado sentirse atraída por los hombres “con poder nuclear”. Con fama de devorahombres, top model de los noventa y ahora feliz madre de dos criaturas con cuatro discos en la maleta, Carla no es fácil de definir. Alguien que se ha descrito como “epidérmicamente de izquierdas” es la feliz pareja de un dirigente de derechas y reivindica en escena su derecho a que, a pesar de estar casada, no la llamen señora. A Pas une dame dice que le gusta ser como un niño, la informalidad, la libertad, los cigarrillos, las cervezas … Porque su música es ella misma. Nace de sus emociones y describe momentos vitales. Desde la muerte de su hermano hasta las sensaciones que le provocó Francia cuando la descubrió de pequeña, en 1978. Incluso imagina ambientes, como lo hace en Chez Keith et Anita, un día de verano de 1970 en casa de Keith Richards y Anita Pallenberg.

No hay mucha diferencia en la cadencia de las piezas, siempre intimistas, con letras introspectivas, y poca instrumentalización, muy del estilo de popular Quel qu’un m’a dit, que deja para el final. La acompañaban Cyril Barbessol al piano y Taofik Farah a la guitarra. Carla hablaba en inglés y francés (con algún “bona nit” en catalán) y cantaba susurrando mientras movía suavemente las caderas. Se presenta a su público en el más puro estilo bohemian chic, con americana de cantautora pero con ajustados pantalones de cuero y un estudiado centímetro de piel a la vista a la altura del ombligo. Como en Twitter se comentaba si Artur Mas había ido a ver Sarkozy o realmente a quien quería ver era a Bruni, conviene aclarar que la mujer del presidente catalán, Helena Rakosnik, no estaba a su lado porque continuaba con el viaje a California que él no había podido terminar cumpliendo con compromisos con Isona Passola y varios empresarios catalanes.

En los Jardines vimos a los padres de Gerard Piqué, a Carmen Mateu de Suqué, a Enrique Lacalle, a Jordi Vilajoana… Mucha sociedad catalana que quizá al terminar pasó por las tiendas abiertas hasta la madrugada de la Shopping Night de la Diagonal. La fiesta tenía como padrinos al cocinero Carles Gaig y a la payasa Pepa Plana. Pasaron 60.000 personas y vendieron como un sábado.

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