Culture, Fashion

¿La moda tiene límites? Lo mejor del festival Feed Dog

El Moritz Feed Dog ha vuelto a Barcelona cargado de documentales de moda. Me hubiera encantado verlos todos pero solo llegué a tres, que son tan distintos y tan buenos que voy a contaros un poco de cada uno    

   Para empezar, el que abría el festival: Chaos&Creation o la vida de Franca Sozzani, la que fuera editora del Vogue Italia durante casi 30 años convirtiendo la publicación en todo un referente del sector. Cuenta que como jugaba con un lenguaje minoritario debía inventar una nueva forma de comunicar, y lo hizo a través de las imágenes. Pero, qué imágenes.

Suyas son las portadas en que las modelos se sumergen en los vertidos de tóxicos, interpretan escenas de violencia doméstica, van a la guerra, a un centro de rehabilitación o se someten a cirugía plástica.

 

Y lo hizo, con los mejores fotógrafos, especialmente con Steven Meisel. Las fotos siempre fueron  “No podemos estar siempre hablando de flores, la moda no va de ropa, va sobre la vida”, decía.  La controversia, que siempre consigue alzarte al mundo de la fama, estaba servida. Puede la moda realmente hablar de todo? Puede tratarse un tema duro y sangrante en un medio tan inesperado como una revista de vanidades? Se frivoliza el hecho que un hombre pegue a una mujer o se denuncia? A veces la frontera es muy fina, y yo no creo que mejore la situación de las mujeres tratar de esta manera la violencia de género.

Hizo Sozzani un número especial dedicado a las modelos curvy magnífico porque todas tenían sobrepeso y eran bellas. Servía para reivindicar su papel en el mundo de la moda, adicto a la delgadez, y aunque era una gota en el mar, levantaba expectación. Como el número dedicado exclusivamente a personas de color, que se acabó en Estados Unidos y algunos guardan como una reliquia. O el que dedicó a la muerte de Gianni Versace.

La editora supo triunfar en un mundo ávido de sensaciones. “Era un personaje a veces ángel, a veces guerrera”, cuenta el fotógrafo Lindbergh de una dama nacida en una familia burguesa de Milán, con estudios de literatura y filosofía que nunca hubiera entrado en la moda si su matrimonio no hubiera fracasado en pcos meses.

 

Entró en el Vogue bambini aunque no le interesaban nada los niños y dedicó su vida entera al trabajo y a su hijo Francesco Carrozzini, que es quién firma el documental. Ennoviado con la hija de la leyenda viva, Anne Wintour (editora del Vogue USA), Francesco quiso saber cosas de su madre antes de que fuera demasiado tarde, y lo consigue, porque en el film descubre hasta que su padre era un hombre casado. La muerte prematura de Franca, el diciembre pasado a los 66 años, la ha privado de ver el recorrido de su biografía filmada, donde aparece como una mujer reservada pero de fuerte personalidad. Reivindicaba la ligereza y el sentido del humor en la moda al tiempo que ejercía de embajadora de la ONU para el hambre. Todo un personaje. 

Hablando de Wintour, enlazo con el otro documental The first Monday on May, que retrata cómo se monta la gran fiesta de la moda en Nueva York, la que inaugura cada año la exposición del Costume Institute en el Met. El año escogido es 2015, dedicado a la Chino,  y eso nos permite contemplar los maravillosos  diseños que se exhibían y también los de la alfombra roja.

De Rihanna (con su magnífica cola amarilla) al tocado casi surreal de Sarah Jessica Parker.

Lo mejor, las interioridades de la preparación, el mimo con que las cuidadoras reciben los vestidos, la profesionalidad del comisario, los problemas de organización… Aunque todo parezca superficial, si miras bien, el amor al arte y a la belleza planean sobre todo el metraje.

El último que ví, que cerraba el festival, es una pequeña joyita de Frederick Wiseman, que forma parte de la colección permanente del MOMA. Cuando filmó Model, en el año 80, no era tan conocido como ahora pero ya estaba claro su talento para captar la belleza de la cotidianidad.  

Wiseman recorre los días y las horas de las modelos (y modelos) que se buscan la vida en Nueva York en una era en que los teléfonos eran de cable y las fichas de papel. Parece muy lejano, pero en realidad la esencia de lo que cuenta sigue siendo la misma hoy en día. En el mundo de la moda todo parece bello pero hay muchas horas de trabajo detrás y mucha competencia.

Paseamos por oficinas de agentes, rodajes, postproducción, fiestas, y cómo no, por un desfile, siempre con la cámara cerca de las personas, con una mirada íntima y profunda que no sé yo si la generación Z resistiría.

  El film es lento, te sumerge en vidas y detalles con mimo y delicadeza, y eso resulta sorprendente en el mundo rápido de hoy en día. ¡Me encantó ver como empezaban a llevarse las hombreras que marcarían los 80! Armas de mujer. 

   

 

 

 

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